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Desde el Malecón podía contemplarse
(a Diana Milos)
Desde el Malecón podía contemplarse
El pajizo color turquesa de las ola marina
Y el sepia del recuerdo en el horizonte
Mi amada amiga camina sin mayor prisa
Brillan sus grandes ojos inquietos
La croata asoma bajo el tórrido sol de febrero
Y se confunde con los rayos del Océano Pacífico
Mientras me cuenta la vida de Lacán
Y algunas anécdotas cotidianas
Evocamos a Tessy y su milenario hechizo
A Esther y los libros de Magdala
Nos habíamos amado tanto
¿Hoy cómo intentar cubrir las ideas radicales,
mi vientre rollizo y el viejo dolor a los huesos?
Ella ¿Cómo podría ocultar la desilusión pasajera?
¿el silencio concreto de los otros?
¿el porvenir irresuelto de nuestra patria?
No, no nos dejamos vencer
Una no nace, sino que se convierte en mujer
Bella / responsable de sí misma
Mujeres, lectoras de la Beauvoir
Despiertan aún entre sus páginas existencialistas
Y le dicen ¡No! al capricho de los dioses solitarios
Cuyas fábulas de amor dejan mucho que desear.
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